Tras años de intentar convencernos que los incrementos salariales son perjudiciales para la economía, la competitividad y el futuro de nuestras empresas, Francisco González, presidente del BBVA, ha dado la señal de salida para que las remuneraciones de consejeros y altos directivos aumenten sin complejos desoyendo la voz de los sindicatos y de algunos accionistas. Debe ser que lo que es bueno para algunos, es malo, muy malo para otros.
La inflación es un virus que solo ataca a los organismos más débiles y con menos defensas, la pérdida de poder adquisitivo un mal menor que hay que soportar con resignación y para evitar males mayores.
Ahora Francisco González, el presidente banquero, tendrá que iniciar una nueva etapa pedagógica y convencer a sindicatos y trabajadores que las altas remuneraciones para consejeros y directivos son imprescindibles para evitar que la élite responsable caiga en el desasosiego y estrés de no llegar a fin de mes. ¿Os imagináis la consecuencias que puede tener que un directivo a causa del estrés tome una decisión equivocada? Sería terrible. Podría poner en peligro centenares o miles de puestos de trabajo. No el suyo, que está blindado, sino el de los otros, el de los contenidos salarialmente que día a día han de luchar por preservar su único capital: el trabajo.
No es un aumento caprichoso. Está diseñado pensando en los demás, a pesar de la oposición de CCOO y de la UGT y del apoyo de estos a la política del BBVA en relación a Sacyr.
El presidente Gonzalez pudo hacer frente a la oposición de los sindicatos y de buena parte de los trabajadores de la entidad que critican las altas remuneraciones de los directivos, presentando un balance marcado por un incremento del 30% de los beneficios y, supongo, que a alguien había que hacer partícipe de los 3.806 millones de euros de beneficios…
A los directivos que día a día se esfuerzan en conseguirlo, claro está. Y a los accionistas que también deben sufrir lo suyo cada día observando las oscilaciones de la bolsa.
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